Ritos y Costumbres
RESIGNIFICACION DE LOS CONCEPTOS DE ARTE Y CELEBRACION EN EL MUNDO ABORIGEN
por Lilian Arias
El mundo aborigen intenta escapar. Resiste en pueblos alejados, donde los medios de locomoción tradicionales y los pulpos económicos de las más variadas especies, aun no llegan. Se esconde en sus propias lenguas, tradiciones, danzas, cantos que simulan olvidar pero sin embargo, mantienen vigentes a lo largo de los siglos.
Es dificil, el hombre blanco contamina sus aguas, desmonta sus bosques, los animales y la gente enferman, mueren. La recolección, la caza y la pesca resultan imposible, se hacen asuntos de otros tiempos
El arte, la celebración, todo se resignifica. Su mensaje se transforma, se disfraza, o no. Quizá solo sea la visión que nos dejan ver los hombres de rostros tallados, de resistencias milenarias, o solo es lo que nosotros podemos percibir.
En tiempos remotos lo que hoy conocemos como artesanía aborigen eran los utensillos que se utilizaban diariamente. Ciertos objetos tuvieron tal importancia que eran fabricados para ceremonias, eran tiempos en el que los hombres poseían el poder de acción –directa- sobre los mismos. Hoy, resulta impensable observar un objeto sin adjudicarle un valor dentro del mercado. Es la fetichización de la artesanía, como símbolo de crecimiento de las ganancias.
Esta transformación comienza a vislumbrarse en el interior del país. Algunos sucesos, por ejemplo, la declaración de la quebrada de Humahuaca como patrimonio de la humanidad, han dado el impulso para que el cambio de las condiciones de producción, se consoliden en todos los campos de la cultura.
La tendencia evolutiva del arte aborigen, se ha visto influida por la economía de mercado. Las condiciones de producción niegan la existencia del sujeto como creador.
El paso de la originalidad a la producción masiva produce resistencia en las comunidades aborígenes, atrapadas por la pobreza. Una vida digna trae aparejada también una aporía en su seno, disfrazada de futuro. Estas comunidades encuentran en la venta de sus artesanías una forma de sobrevivir.
Pues bien, el proceso de comercialización que afecta su economía regional ha cambiado. Esta situación se desarrollaba en el mercado del pueblo, siendo el mismo artesano quien vendía al turista su producción; en ese mismo acto, le brindaba su conocimiento y dignificaba su origen. Es decir, era reconocido por el otro y respetado. Sin embargo, en la actualidad son las casas de artesanías las que concentran los productos, que pagan monedas a sus productores y las venden. En la Plaza Dorrego encontramos estos negocios, pero ante la pregunta de un curioso, acerca del significado de una figura, la respuesta es “no lo sé”. Es no sólo en el proceso de producción de la mercancía, sino también en el de venta que el sujeto es negado; y, una minoría ignorante al servicio de las reglas del mercado se beneficia.
Cada artesanía es portadora de un tinte único de “creatividad” y “originalidad”; así como, poseedora de “perennidad” y “misterio” –tomando las palabras de Walter Benjamín- de las culturas originarias.
El arte siempre “ha sido susceptible de reproducción”. Los aborígenes han transmitido su cultura no solo a través de la oralidad, sino también a través de cada vasija, vestimenta, etc. Cada vez que un objeto era reproducido por un aprendiz, se perpetuaba su cultura. Los cuestionamientos metafísicos tales como: ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, ¿Hacia dónde voy?, eran respondidos en ese acto, pues se descubría el pasado e instalaban las bases del presente como sujeto perteneciente a una tribu. Es decir, era el puente para la inter–comunicación con el pasado, el presente y el futuro.
La producción de la artesanía desnaturaliza la esencia misma del sujeto y lo objetiviza, dado que “pierde su condición de sujeto histórico”.
Durante siglos, el poder dominante ha realizado diversas campañas, utilizando los aparatos ideológicos y represivos de estado, cuyo fin siempre fue desterrar cualquier vestigio de la cultura aborigen del discurso cotidiano. En estos días, el neoliberalismo ha encontrado una veta más propicia para realizar negocios con la producción aborigen. Esta situación genera un quiebre socio-cultural y económico en dicha cultura.
La reproducción técnica de la obra de arte no es algo nuevo en el mundo occidental, pero si en el mundo aborigen. Las técnicas de la reproducción artesanal alcanzan un nuevo grado de figuraciones y posibilidades de poner sus productos en el mercado. En el barrio de Palermo existe un local que vende ropa aborigen y su lema publicitario es que ninguna de ellas es igual pues existe una sola, no hay talles ni colores.
Al igual que en el siglo XVIII, con la aparición de la fotografía, el proceso de reproducción desplaza la importancia de las marcas de la mano que ha dibujado y formado la escultura o aquella que ha dirigido los hilos en el telar de cintura, con diseños exclusivos que costaban días de trabajos, por una cantidad limitada de moldes con motivos parecidos y carentes de sentido.
Esta reproducción masiva, con nuevas técnicas y pinturas, se encuentra huérfana del “aquí y ahora de la obra (….). y (…) su existencia irrepetible ”. Es justamente, en esa singularidad donde queda impregnada su historia, así como en las diferentes modificaciones en su “estructura física” a lo largo del tiempo y en sus propietarios.
Ese “aquí y ahora” del original “constituye el concepto de su autenticidad”, dice Benjamín. En el caso específico de las máscaras de maderas que realizan los aborígenes de la provincia de Salta, los motivos son: pumas, lechuzas y todo animal que convive día a día con ellos. La pintura que utilizaban los aborígenes de antaño provenía de las plantas y de diferentes minerales que se encuentran en dicha provincia. Hoy, muchas de ellas están pintadas con materiales fabricados con químicos, es decir: acuarela, óleos etc. Algo se ha perdido en este proceso… su autenticidad ha sido ultrajada, aquello que reencontraba al hombre con sí mismo y con la naturaleza. Ese respeto que solo conocen los aborígenes y nosotros no.
No es lo mismo la reproducción manual que la técnica. La diferencia radica en que la primera jamás será una reproducción exacta pues siempre habrá algo que la distinga de la original. En cambio, la segunda posee moldes y es allí donde el aura de la obra queda sepultada y su destino es solo un comprador.
En el proceso de creación de la artesanía se funda la autenticidad y el testimonio histórico de todo un pueblo, y en la reproducción técnica se desdibuja una cultura milenaria.
Es el aura de la artesanía lo que se atrofía, porque la instancia de la reproducción separa al objeto reproducido del “ámbito de la tradición”, de la cosmovisión aborigen que difiere de la occidental; y, es la presencia irrepetible la que se ve desplazada por la presencia masiva.
Al igual que los cambios que produjo la fotografía y el cine, la producción masiva del arte aborigen traerá un nuevo “modo y manera de su percepción sensorial”, que se desarrollará en el medio en el que acontezca y estará sujeto a condicionamientos no sólo naturales sino también históricos. Una nueva sensibilidad carente de todo conocimiento previo es una cultura resignada al olvido.
El aura –según Benjamín- es “seguir con la mirada una cordillera en el horizonte (…) o una rama que arroja su sombra sobre el que reposa, (…) eso es respirar el aura de la montaña, de esa rama”. El artesano que talla con sus manos una escultura bajo el árbol al atardecer también disfruta del aura de la madera.
La cercanía espacial y humana de la reproducción artesanal no es más que una necesidad creada por el mercado turístico. La artesanía, en tanto mercancía, consta de dos cualidades: el valor de uso y el valor de cambio. Hoy, resulta indispensable poseer una artesanía, “en la más próximas de las cercanías, en la imagen”**, en la reproducción.
Es el binomio fugacidad/posible repetición el que domina en este momento histórico y el binomio singularidad/perduración el que se subordina. En este marco, la idea de igualdad de oportunidades de obtener una mercancía se justifica en la desigualdad***
Existe otro caso, que muestra como una ceremonia puede transformarse en una mercancía posible de adquirir las formas y rituales del espectáculo que necesita el
sistema capitalista.
Para la cultura andina, el primero de agosto es el día de la “Pachamama” y se le rinde un culto de respeto, no de adoración como hoy muestran los medios de comunicación. Era una ceremonia que comenzaba a la madrugada, tomando de un manantial –en silencio y en gran concentracion- un litro de agua para luego retirarse, sin mirar atrás. Luego se entregaba el recipiente, sostenido con ambas manos al encargado de llevar a cabo el ritual. Antes se molía el maíz con una pekana (piedra en queshwua) se mezclaba con el agua y otros frutos, sin cocción; se lo colocaba en una lliklla (manta) y con un manojo de ichu (paja brava), traído para la ocasión. Se lo llevaba a un hoyo de 30 cm de diámetro por 50 cm de profundidad. Allí, se colocaba cada objeto del chaninchay (ofrenda) en orden y con prolijidad en dicho hoyo.
Hoy, en el imaginario social esta celebración es una fiesta, con elementos característicos del juego e ignora la distinción entre actores y espectadores. Castoriadis define al imaginario social como la posición (en el colectivo anónimo y por este) de un magma de significaciones imaginarias, que están en constante movimiento y que son transmitidas y transportadas por las instituciones.
La multiculturalidad cuenta con los argumentos suficientes para lograr que la sociedad crea que a partir de la diversidad la desigualdad desaparece, y que sólo a partir de la misma se puede lograr la constitución de un nuevo sujeto con el reconocimiento de su identidad. Lo curioso es que ahora todo el país habla de la Pachamama, cuando esta celebración pertenecía al territorio conquistado por los incas. Mario Tebes, investigador santiagueño, reconoce que en Santiago del Estero esta celebración era desconocida, en los últimos años se ha comenzado a realizar, pero con otra significación.
En la actualidad, este acontecimiento no solo ha pasado a ser un evento social –que nadie quiere perderse- sino que el chaninchay u ofrenda hoy se constituye con comidas finamente elaboradas. En tiempos remotos, darle a la Pachamama comida cocida significada un sacrilegio. Es decir, que existe un nuevo flujo de representaciones sociales, nuevas formas de sentir la Pachamama.
Aquí, la psique individual juega un papel importante pues es dadora de este flujo constante de representaciones, deseos y afectos, que responde a las demandas de socialización. Lo que antes era cosa de indios hoy es una fiesta que une a todos los argentinos.
Es preciso experimentar nuevos procesos socioculturales así como políticos, partiendo desde las diferencias. Dar paso a una articulación capaz de unir el aura con los nuevos tiempos sujetos a la multiculturalidad y la inmediatez. Es decir, una política cultural, concebida como una inversión y no como un gasto, que provenga del estado nacional y que permita a los aborígenes llevarla a cabo. Se les debe dar la oportunidad de preservar su cosmovisión, y que si la misma cambia; o mejor dicho, si ese magma de significaciones cambia que no sea consecuencia de la manipulación del pensamiento occidental.
Es necesario confiarles la misión de fomentar y preservar la creación artística, los derechos autorales, su patrimonio cultural; así como todo aquello que conforma su identidad y la afirmación de sus tradiciones.
El mercado de la cultura crece en forma desmedida y las industrias culturales han sido atrapadas por las reglas del mercado, que se sirven de elementos simbólicos. El arte y la celebración han pasado a tener un significado diferente en el mundo aborigen. Una renovación de conceptos y la incorporación de tecnologías, cuyo resultado es la instalación de nuevas metáforas. Y con ello, se degrada una vez mas el “ser aborigen”.
El cambio no sólo fue dentro de la cultura originaria, también provocó un simbronazo dentro del mundo profano. Quizá no sea un nuevo significado, un significado en donde antes no había nada, ni siquiera un interés. Un enigma que apela al encuentro de otras culturas. Es bueno que así sea.
Bibliografía
Benjamin, Walter, “Discursos interrumpidos”. Taurus Madrid. 1982
García Canclini, Néstor, “Arte popular y sociedad en América Latina, Grijalbo, Mexico. 1977
Fabelo, Corzo, José Ramón, “La vida humana ante los desafíos del capital (II): el capitalismo actual”. En publicación: Revista Cubana de Filosofía, No. 4. IF Instituto de filosofía, Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, El Vedado, La Habana, Cuba: Cuba. Septiembre –Diciembre. 2005 1817-0137.
Acceso al texto completo:http://www.filosofíacuba.org/04_RCF_Fabelo.HTML
Kusi Killa, “Revelaciones de la Pachamama” Instituto Qechwa Jujuymanata, Wanka Willka.
Chartier, R, “Introducción a una historia de las prácticas de lectura en la era moderna (siglos XVI-XVIII)”, “Ocio y sociabilidad: la lectura en voz alta en la Europa Moderna” y “Los libros azules”, en El mundo como representación. Historia cultural: entre práctica y representación, Gedisa, Barcelona.(1990)
Catoriadis, C. En “la institución imaginaria de la sociedad”, vol.I, Tusquets, Barcelona, 1983: capítulo, apartado 3 (“La filosofía marxista de la historia”), capítulo 2, apartado 3 (autonomía y alienación”)
Jessica Romero Egüez : La Tantawawa
Jessica nació en Lima pero a los siete años vino a la Argentina, a la provincia de Entre Rios, alli se quedo hasta que se traslado a La Plata para estudiar antropologia. Es Licenciada en la materia y la encontramos en el marco de las 4tas Jornadas Nacionales de Valoracion Patrimonial de Cementerios de Argentina y Paises Vecinos en el imponente Teatro Argentino de La Plata exponiendo sobre las tantawawas, ritual funerario de origen aymara. Aqui les ofrecemos la nota y parte de su ponencia.

-Me gestaron en Puno, naci en Lima de casualidad, y a los quince dias de nacida me fiui a vivir a Iquitos, asi que estuve en la costa en la sierra y en la selva de Peru pero a los siete años mis padres vinieron a vivir a Argentina
-En quechua tanta es pan y wawa es bebe, es un pan que se hizo prioritariamente para el dia de los Muertos, aunque tambien hay otras festividades como el Carnaval, donde se fabrican, para tratar de conmemorar al difunto de una familia que ha muerto en ese año. Segui este trabajo porque me gustan las cosas que tienen vinculacion y son un poquito controvertidas. Un simbolismo tan fuerte, un ritualismo tan fuerte como es la muerte y que despues pasando el 2 de noviembre termina todo eso y deja de tener la fuerza mistica ese obejtpo y vuelve a ser un pan, el 3 de noviembre es un pan con una formita que inicialmente adopta el rol de juguete porque se lo dan a la nena, para que la cargue igual que las madres del altiplano y la nena juega, tratan de amamantarlo, hasta que el pan queda duro, y luego en una sopita con leche o un mate con leche se lo comen, y perdio toda esa fuerza que tuvo el 1 y el 2 pasa a ser juguete y luego alimento.
- Es un ritual no solo relativo al pueblo aymara, comenzó con ellos, a partir de ellos se difundió, es algo que esta muy mezclado, es muy sincretico, está la iglesia católica. Encontramos por ejemplo en la investigacion las flores amarillas, la famosa flor de muerto que tambien se usan en Mexico, Nicaragua, Guatemala pero llego hasta America, lo que no hemos podido definir claramente es a partir de que momento el sincretico fue incaico, fue preincaico, porque tambien hemos encontrado ciertos vestigios de la adoracion del culto a los muertos y ciertas vinculaciones con la parte de reposteria como las tortas y los pasteles un poquito antes, preinca, de hecho no con harina de trigo si con otras harinas, o con objetos de papa amasados tambien mucho antes. No podriamos decir que es netamente aymara. Hay tambien en los quechuas, que es mas cerca pero llega a culturas como las de Cajamarca, al norte de Perú, los ecuatorianos y el sur de Colombia que son pueblos casi selvaticos, y tienen la misma costumbre.
-Inicalmente lo conversamos del punto de vista teorico porque me llamo la atencion en una visita al cementerio de La Plata encontré una tantawawa. Despues busqué algunas personas, tome como referencias cementerios argentinos que tienen entre sus poblaciones inmigrantes bolivianos, peruanos y ecuatorianos, y aunque no llevan, no tienen todavia el valor de poder ir y llevar todo su ceremonial al cementerio aun lo conservan dentro de la intimidad familiar. A partir de eso buscamos informacion bibliografica de la cual hay en abundancia y luego buscamos referencia mas que nada aqui en La Plata de inmigrantes. Es curioso como ellos van transformando todo ese bagaje cultural y como de aca a poco tratan de implementarlo en diferentes lugares y con diferentes formas de vida. El trabajo lo hicimos con un par de compañeros de la facultad y de hecho quien siempre esta detras mio que es mi mentor, es mi padre, el es peruano nacido en Puno, o sea que tranquilamente podria ser uno de los que han vivido estas tradiciones y es quien me apunta a leer mucho del tema.
Extracto de la ponencia "Un bebecito de pan para recordar la muerte", presentada el 23 de octubre de 2008 en las 4tas Jornadas de Valoracion Patrimonial de Cementerios de Argentina y Paises Vecinos.
Penetrar en el mundo del Ande es un inmenso desafío, sus formas de vida tan alejadas de nuestras costumbres, aun a pesar de la globalización reciente nos separa de este increíble e inconmensurable mundo milenario.
Las costumbres están tan enraizadas en el ser andino, que podríamos decir, están siendo transportadas en cada una de las gotas de sangre. Así transportan su paisaje, su límpido cielo de altura, y sus creencias en cuanto a la muerte, pero no es la muerte como la vemos nosotros, sino, es ese ciclo permanente de Nacimiento, Crecimiento, envejecimiento y muerte, para de nuevo nacer, crecer y morir, por la eternidad. Formando parte de un ciclo irrompible, que se hace de a poco uno con la naturaleza, el poder de las grandes montañas y sus mitos. Sin que estos tengan un límite seguro y definido, ¿donde terminara la realidad? o ¿donde comenzara la fantasía? (fantasía, desde nuestra vista). ¿Donde comienza la religión andina y sus creencias? y ¿donde se injerto el catolicismo?, generando un fruto sincrético, extraño, pero fuerte, al que la misma religión oficial no pudo hacer frente, y… si no puedes contra ellos… úneteles.
Ideas que ayudan a vivir aun mas allá de los dolores, las tristezas y las miserias de la vida en el altiplano, de la vida del hombre andino, oscuro, callado, misteriosos, tal y como es su paisaje y sus ideales. Aun más allá de sus fronteras.
El tema de la muerte es importante dentro de la cosmovisión andina, quizá la simbolización que cada hombre andino tiene de su muerte, dinamice la forma en que vive y como resuelve cada situación de vida.
Particularmente profundizaremos a los aymaras, que es posiblemente el pueblo originario de las Tantawawas.
La visión aymara es holística, ya que son ciertas categorías de su cosmovisión las que ordenan sus prácticas cotidianas y las diferentes dimensiones de su vida, determinando así, una unidad ordenada y establecida. Es por eso que vinculan muchos de sus ritos y prácticas con los ciclos de las cosechas agrícolas, los cambios atmosféricos, y sus deidades; así como la vida o muerte.
Vinculan en intima relación los ritos de “retribución” con el hecho de prosperar o fracasar, iniciándose en la producción agrícola, como en el triunfo académico de los hijos en el mundo moderno del siglo 21, por dar un ejemplo.
Es importante también tener en claro que las relaciones que tiene el Aymara con las entidades que lo protegen o alimentan no son diferentes, ni cambian cuando el poblador de los Andes deja su lugar y migra a las grandes ciudades. Hay diversos trabajos que respaldan esta idea, comentando que la incertidumbre agrícola se repite como la incertidumbre del migrante en la ciudad.
En el imaginario andino no hay establecido una caracterización como ordena la lógica occidental, entre lo celestial o infernal, el bien y el mal, lo divino y lo demoniaco. Forman parte de un substrato muchas veces poco diferenciado y ambiguo para nosotros, quienes a su vez se interrelacionan en diversos niveles jerárquicos y complementarios.
¿Qué es una Tantawawa?
Las tantawawas son una especie de muñecos de infinitos tamaños (y podríamos decir, formas) construidos con masa de mas de pan (dulces o no) horneada.
Las tantawawas propiamente, están adornadas con “caritas o mascaritas” de yeso o cerámica, las cuales estarán decoradas, lo que les otorga un impresionante realismo y/o belleza particular, los mismos se realizan en conmemoración de las festividades de Todos Santos (1 y 2 de Noviembre), en muchos lugares de los Andes centrales y zonas de influencia. Las mismas representaran a los difuntos de la familia o vecindario. Rastreando su fabricación hasta épocas muy antiguas.
También se denominan tantawawas a otras figuritas de pan realizadas por las manos hábiles de estos artesanos con formas de: achachis, animalitos como: caballos, llamas y palomitas, coronas, escaleras u y otros objetos. Las figuras varían según las regiones.
¿Para qué hacen las Tantawawas? Las que tiene forma de bebes
Hacer Tantawawas permite consolidar relaciones de compadrazgo, reciprocidad y de compromiso mutuo, extremadamente importante para la comunidad andina.
Realmente se establecen vínculos de compadrazgo, ya que cada “tanta wawa” tendrá madrina y padrino, y los dueños de las wawas de pan serán compadres con estos padrinos, dependiendo en muchos aspectos de estas relaciones, y fortaleciéndose cada año con otra celebración de padrinazgo.
De hecho, se realiza una fiesta seudo católica pagana donde se vinculan estas relaciones y se fortalecen con bebidas alcohólicas de por medio y la consabida promiscuidad que provoca el estado etílico y la festividad… fomentando verdaderos vínculos posteriores, esta vez, vínculos de sangre, donde no se preguntaran quien es el padre de quien, ni porque los parecidos con los compadres mas que de los padres. Esto lo contamos a manera de anécdota.
En el sincretismo de las sociedades andinas, hemos observado que se han hecho tanta wawas para dárselas a los pequeños de las familias, quienes las han llevado hasta sus mayores, familiares, padrinos y amigos cercanos, a quienes se les ofrece las figuras a cambio de monedas, ropas y golosinas. Las nenas llevan sus wawas, en el atadito que usan las mujeres del ande, bien puesto a las espaldas, un poco jugando también a ser madres… y los niños, llevan animalitos, tal vez un caballito, y corrían por los campos con ellos, veloces como sus sueños y su infancia, buscando a su vez un regalito…reciprocidad de los Andes, un poco de ayuda mutua.
El 2 de noviembre las wawas de Pan son llevadas a los cementerios de los pueblos andinos para ser dejados (dicen ellos, pero en la practica para ser exhibidas ante las tumbas) como ofrendas a los difuntos. Y si queremos ver un poco esto, y sin que el Río de La Plata sea parte de los Andes, en el cementerio de Flores en el corazón de Buenos Aires, el 1 y 2 de Noviembre encontraremos Tanta wawas. Una vez finalizado el día los panes, dejan de ser Tanta wawas y son simples panes, los que serán repartidos entre los visitantes y… son comidos.
No se conoce con exactitud cuando es que esta tradición andina empieza pero se sabe que antiguos peruanos –y otras regiones alto andinas - comían una especie de pan para las festividades que hoy coinciden con el día de todos los muertos. Comenta el investigador Jaime Ariansen. Lo que si sabemos con mayor certeza, es que la tradición de esta celebración en un día especial en que las almas de los que ya no están, debían ser recordadas con ofrendas especiales, va mucho mas atrás de la llegada de los conquistadores españoles a las Américas.
En algunas poblaciones altiplánicas hasta no hace mucho, se tenia la costumbre de sacar el esqueleto de un difunto elegido por sus familiares que eventualmente eran los encargados de limpiar y adornar la iglesia.
En el antiguo Perú se consumía la tanta, y otras variedades de “pan” para fines ceremoniales: "sanco o shanku". Junto a esto consumían la Ajja, especie de "pan líquido, chicha espesa, muy nutritiva, elaborada principalmente con maíz germinado llamado jora".
El por qué de estos rituales:
Cercana a la fiesta de Todos los Santos (fines del mes de Octubre e inicios de Noviembre) comienza el tiempo denominado como tiempo femenino de jallupacha o tiempo de lluvia. Las personas mayores – sabios de las comunidades andinas - dicen que los ajayus o almas de los muertos son quienes estarán encargados de transportar las lluvias que requieren los campos para fructificar.
Hay muchas investigaciones antropológicas que refrendan la idea de que en casi todo el mundo la muerte esta asociada a la fertilidad y a la vida, y que las percepciones vinculadas a la muerte incluyen la idea de que esta también trae la regeneración de la vida.
En la tradición y ritual de las Tanta wawas, la asociación muerte, renovación de la vida y la fertilidad es muy fuerte. Desde el calendario pre-colonial, esta fiesta tradicional se ha celebrado al final de la Época seca. Debemos recordar que todas las fiestas y ritos andinos están vinculados al calendario agrícola. En el caso de la fiesta de todos los muertos, las almas de los difuntos vuelven para abastecerse de lo que preparan los vivos (todas esas ofrendas) después de un periodo de restricciones, y a su vez, en recompensa, ofrecerán de sus donde en beneficio de una abundante y rica cosecha. Observamos la idea de reciprocidad y dones, que circula en los Andes.
En los centros urbanos actualmente se esta fomentando la costumbre intercambiar bandejas de panes, chicha morada, dulces y otros dulce elaboradas, de preferencia, caseros; entre los miembros de la comunidad de emigrantes alto andinos, en especial del sur del Perú, Bolivia y Norte Argentino. Problemas como la poca productividad de la tierra, el desempleo o el minifundio obligaron a los jóvenes a migrar. Ocasionalmente los migrados retornan hacia sus tierras con algo de dinero, para celebrar para Todo Santos, pero cada vez son mas los que traen sus costumbres a los suelos donde están viviendo hoy.
La vida del hombre migrante tiene iguales incertidumbres que el hombre agrícola, es por eso que la necesidad de realizar un trato de reciprocidad con entes superiores o Infra humanos se hace absolutamente necesaria, aun en medio de la modernidad de la vida urbana.
La mesa mortuoria:
Las tantawawas serán colocadas sobre una mesa, donde se presentaran hasta el día en que las llevaran al cementerio y después comidas. Se acostumbra presentar una mesa por cada difunto en la familia, en una de las habitaciones principales de la casa. Habiendo hogares donde hay muchas mesas.
Cada mesa, además de las muñecas y muñecos de pan, tendrá las fotografías del muerto, algunos recuerdos que se tengan de el, así como también bebidas y compotas hechas con el maíz morado, clásico Maíz del altiplano andino. Bebidas conocidas como Mazamorra morada, colada y/o chicha morada. Esto es lo constante y casi siempre permanente en las mesas. Pero también estarán las comidas de las que disfrutaba el finado. Y allí podríamos incursionar en todo el arte culinario Andino Central, y sus variaciones locales. Sin olvidar todo tipo de bebidas alcohólicas, caramelos con figuras variadas, frutas frescas y secas, instrumentos musicales, y los que conservan tradiciones antiguas, pondrán también hojas de coca y cal, galletitas y masitas variadas.
También encontraremos cruces, velas y libros religiosos (inclusión desde el catolicismo), coronas de flores y adornos de papeles de colores, de vistosos y llamativos colores, que contrasten con la cadencia de los suelos montañosos y muchas veces áridos de los andes.
La noche del 1 al 2 de Noviembre, las familias con mesas de difuntos serán visitadas, y en aquella noche se recordara con cada visita a los muertos, y rezaran por ellos. A cierta hora la habitación donde se encuentra la mesa o mesas será cerrada, para que las almas puedan disfrutar de su festejo, y descender a probar las delicias realizadas para ellos. Las mismas podrán ser degustadas en el olor que despiden las diferentes preparaciones, así es la forma como se cree que ellos prueban estas comidas.
Al día siguiente, trasladaran todas estas comidas y bebidas al cementerio donde reposan los huesos de los muertos y allí juntos, parientes, amigos y vecinos en un convite ampliado compartirán de las ofrendas de la noche anterior.
Tanta Wawas y otras costumbres del día de los muertos en Argentina:
Desde ya hace algunos años la celebración del día de todos los muertos se esta haciendo una practica habitual en el cementerio de Flores, al sur del Conurbano bonaerense. Esta practica se esta enraizando a causa de la población fuertemente representadas de las zona del área andina central (Bolivia, Perú y Noroeste Argentino) que esta poblando la ciudad de Buenos Aires. Poblaciones migrantes que van estableciendo lenta pero constante las reglas de un juego identitario.
Hay también manifestaciones de este tipo en otros cementerios de Buenos Aires y el país, pero aun no adquieren mayor relevancia.
Este tipo de articulación con el mundo habitual bonaerense no es bien comprendido, mucho menos aceptado. Al punto que la Subsecretaría de Derechos Humanos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires elaboró un proyecto que tiende a crear un espacio destinado a las prácticas fúnebres del mundo andino en dicho cementerio. El proyecto se esta haciendo para dar respuesta, en el marco de los principios establecidos en la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, a las expresiones que desaprueban algunas prácticas fúnebres realizadas en el cementerio de Flores por población mayormente de migrantes bolivianos; las que incluyen, el uso de la música y las formas celebratorias no comprendidas, como los alimentos y bebidas en las tumbas.
Se ha analizado en la misma la importancia vital que tiene la forma en que los grupos sociales tienen al disponer de sus muertos y como se relacionan con ellos. Se esta haciendo hincapié en la necesidad de reconocer diversas formas de ritualidad fúnebre –con sus naturalezas y funciones cultural y socialmente específicas, y la posibilidad de crear oportunidades para su ejercicio efectivo como parte de una política pública de promoción de derechos culturales y de la diversidad, tal como surge de la Constitución de la Ciudad.
El día 2 de noviembre en este cementerio, el paisaje se dibuja de manera distinta a cualquier otro día del año. Los pequeños altares (o grandes – mesa de difuntos – preparadas en las casas de los pobladores emigrados del área andina central), son trasladados al cementerio, junto con las tanta wawas, que permanecen inalterables al movimiento en colectivos, taxis, remises, trenes o camiones; hasta llegar lo mas cerca posible de la tumba donde descansa el ser que representa por aquel día.
Una peregrinación de familiares y amigos, quienes concurrirán a este lugar de encuentro, con variedad de alimentos y bebidas, repitiendo el ciclo de reciprocidad y dependencia mutua que fue sembrado en cada uno de ellos, atrás, allá en la tierra que vio nacer a sus ancestros, en el suelo lejano, mas allá de la cordillera. Pero que se repite casi en ritual exacto, excepto por las miradas de disconformidad de algunos ocasionales transeúntes que no calcularon la fecha, o desconocían la fiesta y llegaron en mal día al cementerio.
El recogimiento habitual del cementerio, conforme pasan las horas, va cambiando en un intenso bullicio de ruidoso sonido, color y olor. Vestimentas de los andes y largas trenzas vienen a decorar este mundo multicolor en este día, acompañados de cestas importantes y heladeritas de telgopor, ollas repletas de comida, cajones de cerveza, gaseosas, damajuanas con bebidas espirituosas como la chicha, además de sillas. mesas, sombrillas, platos y vasos. El sonido de equipos de música y voces que no se podría decir bajas, multitud de niños corriendo, y hasta algún perrillo familiar que decidió unirse a la celebración. Esto, sin contar los instrumentos musicales.
El cementerio Bonaerense ha sido completamente transformado, ante nuestros ojos… trastornado…
…Y todo lo que pasa en un desolado cementerio ventoso, en la ladera sombría de un cerro pedregoso de los lejanos Andes, donde debajo de pocos centímetros de tierra y piedra arrancados del suelo, se guardan los restos del ultimo sepultado, allí donde a pocos metros asoma una tibia blanquecina, rota y seca que se escapo después de la erosión de una fría lluviecita serrana; donde una Tanta wawa se asoma de un paquetito humilde de mantas hechas a mano con lanas de colores y ve las nubes cercanas y el límpido cielo azul… Así también, otra tanta wawa, saca su carita de porcelana de una bolsa de compras de un negocio multinacional entre el gentío y el bullicio, en medio de la ciudad donde se traslado por un día, aunque sea por un día, al centro de nuestra populosa Buenos Aires un poco de lo que representa, un poco de lo que ha sido, tal vez aun antes de que Colon llegara.

