José Palomino Cortez
“La humanidad tiene que volver al origen”

Autodidacta, locutor  y un gran lector. Tomó clases de teatro con Lito Cruz y hace pocos días terminó de filmar “Gente como uno”, cuyo director es Ariel Winogrand. Según sus propias palabras su saber no está basado en conocimientos académicos, “lo mío es fruto del amor por América y quizá por haber nacido en un lugar mítico como el Cusco”.

Por Lilian Arias

 

José Palomino Cortez está sentado en la mesa central del bar,  sus manos sostienen varios ejemplares del proyecto de ley de radiodifusión, me mira fijo y con una sonrisa dice: “tienes el color de América ¿De dónde eres?” Desde esa posición estratégica, no pierde oportunidad para repartir los ejemplares a cuanta persona pase a su lado, “es para que lo lea y esté informado. Cualquier pregunta aquí estoy”. Con sus 72 años y una energía que contagia, trabaja en cuatro programas radiales que produce junto a Lito Zer: Nuestro Continente  en Radio Nacional Folklórica, Palo y Palo en Radio Provincia, Y se llama Perú y Abya Yala ambos en la radio La voz de las madres. El 21 de junio de 2008 participó de la primera ceremonia del Intij Raymi (fiesta del sol) realizada en Argentina, en la ciudad de Santa María de los Ángeles del Valle de Yokavil, Provincia de Catamarca. Este hombre multifacético demuestra en cada palabra y en cada acto que defiende, día a día, los derechos de los pueblos aborígenes.

¿Cuál fue su primer contacto con el mundo originario?

-Yo provengo de una familia pequeña burguesa, de hacendados. Mi padre era industrial y tenía una hacienda en la sierra y otra en la selva. Cada vez que iba hacer trabajar la papa, el trigo, la cebada, no me nacía. ¿Cómo iba a querer el hijo del hacendado hablar quechua? No. Como provenía de una familia acomodada fui a un colegio salesiano durante 8 años, era imposible intentar hablar en quechua o (leer) libros que estaban en el Index, que era un listado de libros prohibidos. Porque empezando por la biblia, nos decían que seriamos incapaces de entender, y que ellos nos iban a orientar hacia la última palabra.

¿Qué rasgos rescata de su relación con los aborígenes de las haciendas?

-Yo  me relacionaba con el mayordomo de mi casa y en cada acto de su vida había una infinita ternura y generosidad. Las mujeres siempre en permanente trabajo, pelando las habas, amamantando a sus hijos. La calidad humana de mis hermanos campesinos. Como no evocar aquellos rasgos que también estaban en mi madre no así en mi padre, recupero esos rasgos, porque están casi intactos. Es una cultura que está latiendo, hay que sacarle la maleza y sale adelante.

¿Cuándo descubrió su cultura?

-En este país, que es mi segundo país, me he nacionalizado hace 27 años y me dio la posibilidad de abrir los ojos, de empezar a  leer. Mi primer libro fue “El hombre mediocre” de José Ingenieros y nunca más dejé de leer. Nuestro padre mandaba todos los meses la mensualidad para mí y para mis hermanos, todos devenidos en profesionales;  pero su mentalidad no cambia, de pensar en el significado que tiene el hombre peruano, heredero de una cultura maravillosa, que les pertenece la tierra, el agua, su idioma. A mí me ocurrió al revés, yo llegué a conocer mi cultura, a guiarme en mi cultura y a amar mi cultura.

¿Cuál es el objetivo del Intij  Raymi?

-La comunidad del tawantinsuyu –los cuatro puntos cardinales- tenía como principio fundamental una convivencia armónica, no sólo entre los seres sino fundamentalmente con la naturaleza. El hombre no era dueño de la naturaleza, sino que era parte del cosmo, de la pachamama generadora de la vida y receptora de la muerte, del sol, de los animales y las plantas. Dicen los cronistas, entre ellos el inca Garcilazo de la Vega,  que existía una fiesta en homenaje al astro sol, el Intij Raymi que quiere decir: “la fiesta del sol”. Son representaciones ceremoniales que pasado el tiempo tienen una parafernalia grandilocuente, cuya esencia debe ser el rito simple de entonces. Del  inca, los nobles, los curacas, las elegidas del sol esperando la salida del sol, cada solsticio de invierno. Para mí, el objetivo es recordar que la humanidad tiene que volver al origen, porque si seguimos agitando a la tierra, nos quedan 40 o 50 años.

¿Será posible que este evento pueda llevarse a cabo en la Capital Federal?

 -Yo veo un campo fértil en Buenos Aires, hay más conciencia que en mi propia tierra. Allí, no hay lugar donde se haga el Intij Raymi o el homenaje a la pachamama, el 1º de agosto. Ojala se pueda realizar aquí en Buenos Aires.

¿Porqué no sucede lo mismo en su tierra?

-La raíz es la rebelión liderada por Gabriel Condorcanqui  Tupaj Amaru, en 1780. Los reyes y sus súbditos actuaron (con los aborígenes) con impiedad, hasta la anulación total de la persona como ser humano, los hicieron casi animales. En este momento,  el originario de los Andes del Perú no cuenta con voz ni voto. Tanto es así que, el movimiento Sendero luminoso intentó reivindicarlos, y lo único que consiguió fue 30.000 muertos campesinos, masacrados por  Sendero, quien no los  respeto ni tuvo la capacidad de contar con la adhesión de ellos; y, por el ejército. Hay una película de origen español “Lágrimas del Olloncko”, donde se pinta la realidad cruda.

¿Cómo se puede cambiar esta situación?
 
-En Perú, creo que la solución va a tardar porque es el efecto de haber humillado al pueblo a un grado extremo. Pongo un ejemplo: ¿Cómo es posible que un grupo de la clerecía tenga el control del principal templo inca (el templo del sol)? Ningún instituto de cultura, ni del gobierno puede tener injerencia en la administración, preservación, control  y usufructo. ¿Cómo una institución que está en contra de la idolatría, lo tiene? Para mí no hay explicación. Los ingresos que genera todo el patrimonio arqueológico, que es un legado de herencia de los verdaderos herederos -los hombres dignos que viven allí, que hablan el runasimi- no reciben del estado absolutamente nada, ni educación bilingüe y (se respeta)  superficialmente su forma de hablar. No hay un canon en beneficio del hombre andino,  eso se tiene que lograr. La salida tendría que ser, la que encontró Evo Morales, a través de la militancia de las mujeres por su mayor claridad política. También hay otros problemas de orden espiritual, aquí también sucede, hablo de los dirigentes personalistas que se identifican por la superioridad étnica “soy quechua, un ari puro”; y, yo soy Palomino Cortez intento hacer el programa, estudiar y conocer en la medida que tenga la honra de poder aportar un granito de arena.

¿Cómo ve a las nuevas generaciones?

-Las nuevas generaciones han despertado, para buscar la verdad de sus interrogantes. Van a las universidades, donde se enseña el mapuche, el  guaraní y el quechua. El quichua es cuando se aleja de la zona que tiene como base el runasimi e incorpora acepciones, vocablos castellanos. Hay muchas personas que quieren aportar, porque hay convicción. Es una confrontación entre lo vano, lo negativo, lo económico  frente a lo cierto,  al respeto, al amor por la naturaleza.  El meollo de todos los males está en la ley radiodifusión, por eso entrego el proyecto, porque los factores de poder manejan los medios. Todos los días crean falsas imágenes y nos dicen no aprendas esto, tienes que conocer lo otro, todo con fines económicos. El monopolio de grandes grupos económicos es mundial y es allí, donde debemos librar la batalla. Esta ley –refiriéndose al proyecto- contempla que todas las provincias van a tener radios o canales emitidos en el idioma propio, sea Wichi, Toba. La juventud es la esperanza porque tiene un potencial maravilloso, y con ella vamos a ir creando conciencia.
Después de 29 años de llevar adelante el programa “Nuestro Continente”.

¿Qué objetivos aún le quedan por cumplir?

-Todos. Los mismos que al comienzo. Hay un proyecto que lo veo trunco, “Ciudadanos de nuestro continente” esto implica que, sin dejar de pertenecer al país de origen, podemos hacer una visión globalizadora de América, del Tawantinsuyu. Eso me está faltando, por falta de tiempo y de gente que maneje las nuevas tecnologías.

En cada programa, Ud. propone dos consignas, una que –como dice Alberto Szpunberg- moviliza hacia la profundidad y otra que moviliza a tener nuevos planes de acción. ¿Es así?

-Inconscientemente. Yo creo que es la fuerza interna de no someterme a los condicionamientos económicos. No claudico, ¡no! Sacrificaría el espacio radial y saldría a vender flores, a decir poemas en la calle. Debo reconocer la colaboración de Lito Zer, que si no lo hubiera encontrado estaría con un solo programa. (Muchas veces) llego cansado a la radio, pero en ella disfruto y salgo al aire ….¡oxigenado!